Juntar orines
El balance de la política de derechos humanos del gobierno argentino de Javier Milei, en 2025, contradice el respeto de los derechos humanos, que se ha venido gestando a lo largo de la historia desde la fundación de Naciones Unidas en 1945, y la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.
El artículo es corto pero la recopilación de información fue
larga. Como me enseñara un colega que desgraciadamente
ya no está mas entre nosotros: «Nuestra profesión es juntar
orines». Rastrear muchos datos en Nueva York, mientras se
trabaja desde Ginebra y los hechos abrevan en Buenos
Aires, no ha sido fácil. Para peor, el «fanatismo de los
conversos», es una plaga que se expande sin fronteras.
Durante los meses de noviembre y diciembre de 2025, en la
Asamblea General de la ONU en Nueva York, la Argentina se
ausentó de una votación sobre la protección del personal
humanitario y de las Naciones Unidas, que fue aprobada por 153
votos contra 1 (Estados Unidos). Paralelamente y en absoluta
minoría votó además en contra del informe anual de la Corte Penal
Internacional (CPI), de la que fue miembro fundador, siendo su
primer Fiscal el compatriota Luis Moreno Ocampo.
También en la ONU la Argentina votó en contra de condenar la
práctica de la tortura, de la economía del cuidado, de la libre
determinación de Palestina, de la asistencia a los refugiados
palestinos, de la soberanía permanente del pueblo palestino sobre
sus recursos naturales, de la Declaración de Enfermedades no
Trasmisibles, de la implementación de la Convención sobre los
Derechos de las Personas con Discapacidad, y en Sudáfrica no se
sumó a la Declaración Final de Líderes del G-20.
Al votar de esta manera, la Argentina contravino su derecho
interno, los tratados internacionales de derechos humanos de los
que es parte y que tienen jerarquía constitucional desde la reforma
de 1994 (art.75 inciso 22 de la Constitución Nacional), negando
políticas públicas de estado desde el retorno de la democracia.
A su vez, por un lado el Presidente Javier Milei criticó a la ONU
durante sus discursos en Davos y en la Asamblea General de la
ONU diciendo que es una institución socialista que se ha apartado
de sus principios fundadores, y por otro propone al actual Director
de la OIEA, el prestigioso diplomático argentino Rafael Grossi,
como Secretario General. Parecería que persigue destruir el
multilateralismo, pero a veces podría dar la impresión de apostar
por él.
Al despuntar el nuevo año 2026, la Argentina no condenó el ataque
armado de EEUU contra Venezuela del 3 de enero pasado. Por el
contrario, en la sesión convocada el 5 de enero por el Consejo de
Seguridad para abordar esta crisis, la delegación argentina solo
valoró la decisión y la determinación del gobierno de EEUU que
derivaron en la captura del dictador Nicolás Maduro. Y de paso
instó a la inmediata liberación del gendarme argentino Nahuel
Gallo, «quien se encuentra en situación de detención arbitraria y
desaparición forzada», supuestamente en Caracas.
No es temerario concluir que, globalmente, la posición de Argentina
contravino la del Secretario General de la ONU António Guterres, el
cual sostuvo que el derecho internacional no fue respetado en la
crisis venezolana, porque la Carta de la ONU consagra la
prohibición del uso de la fuerza contra la integridad territorial o la
independencia política de cualquier Estado.
Desde Ginebra, Juan Gasparini


