Las guerras esporádicas de Donald Trump contra Irán
«En un conflicto asimétrico, el fuerte pierde no ganando mientras el débil gana no perdiendo… Ante la falsa paz de un acuerdo engañoso, Irán es vencedor. Ha resistido a su decapitación, manteniéndose radicalizado, preservando su potencialidad nuclear, arsenal balístico y sus aliados, el Hezbollah y los Houtistas. Y ha perjudicado a la economía mundial apropiándose del Estrecho de Ormuz. Trump es hoy incapaz de ganar la guerra y alcanzar una paz duradera». (1)
El resurgimiento del conflicto se originó en las presuntas ambigüedades del protocolo de acuerdo, firmado electrónicamente en Francia por Donald Trump en ocasión de la cumbre del G7 en la ciudad de Evian-les-Bains, del 15 al 17 de junio pasado, al conmemorarse el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos. De los 14 puntos del texto, trascendieron 8, anticipando que se abría un periodo de 60 días para «negociaciones técnicas». La versión final no trascendió.
Del resumen circulado entre los periodistas que asistieron trasciende el cese inmediato y permanente de las operaciones militares de los 2 beligerantes, en todos los frentes, incluido el Líbano. Preconiza el respeto mutuo de la soberanía y la integridad territorial. Fija en 60 días la negociación de un acuerdo final, prorrogable. Ordena el levantamiento del bloqueo naval estadounidense a Irán y la reapertura del estrecho de Ormuz, con paso libre de peaje durante 60 días, y la finalización de todas las sanciones, según un calendario acordado en el texto final.
Dicho documento pide un plan de reconstrucción y desarrollo económico de Irán por 300.000 millones de dólares, financiado por socios regionales. Asume el compromiso de no adquirir ni desarrollar armas nucleares, y diluir el uranio enriquecido bajo supervisión de la OIEA. Reclama disponer de fondos reservados, con garantías de supervisión internacional y respaldo de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU.
El resurgimiento del conflicto encuentra su origen en la ambigüedad del Protocolo de Acuerdo concebido en Francia. El documento prevé que Teherán pondrá todo en obra para asegurar el paso por Ormuz de los navíos comerciales en total seguridad. Es el reconocimiento de su control sobre ese corredor estratégico, por donde transitaba el 20% del consumo mundial de petróleo antes del conflicto desencadenado en febrero pasado.
Para sustraerse de la vigilancia iraní, la marina estadounidense alienta a sus barcos a transitar por las costas de Omán. Pero Irán lo interpreta como una provocación, disparando proyectiles a los navíos que intenten emprender esa ruta, sustrayéndose a optar por Ormuz pagando peaje. Irán no cede y Estados Unidos replica con bombardeos esporádicos, manteniendo un conflicto intermitente, sin solución pacífica a la vista.
Tal alternativa es incierta para Trump, que no desearía asumir una guerra permanente, con el riesgo que mueran soldados estadounidenses, o fijar sanciones financieras, batallas inciertas que podrían distraerlo de prepararse para las próximas elecciones de medio mandato de noviembre venidero, con debates pendientes en el Senado sobre el presupuesto de la defensa, cuando el Partido Demócrata ha adelantado que se opondrá.
Los humores de Donald Trump hacen imprevisible su conducta. En el conflicto con Irán dio un ultimátum de 48 horas el 21 de marzo pasado, para que Teherán reabriera Ormuz. Sin embargo, 2 días después alargó el plazo a 5 días más. El 26 de marzo lo extendió otros 10 días. El 1 de abril siguiente prometió a Irán que lo retornaría «a la edad de piedra», si no le devolvían Ormuz. El 4 de abril extendió 48 horas más la espera.
Al día siguiente, 1 hora antes que venciera el ultimátum, postergó otras 2 semanas. El 1 de agosto del presente año, el control del Estrecho de Ormuz seguía disputado, no siendo de ninguna de las 2 partes en pugna. Irán reclama el dominio operativo. Ha creado la «Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico» (PGSA). Intenta obligar a los barcos a usar solo las rutas que se les designa. Amenaza o ataca a los que usan otras rutas, y ha declarado repetidamente que el estrecho está cerrado o solo abierto bajo sus condiciones.
El derrumbe potencial del protocolo de acuerdo ilustra claramente que el Presidente Trump se comprometió en esta guerra sin plan, ni estrategia de salida y sin capacidad de negociar un acuerdo durable, sostiene la senadora demócrata, Jeanne Shahee. Un día Trump dijo que la economía es la última de sus preocupaciones, otro día que haría cesar la guerra, pues el precio del petróleo se inflamaría. Podría ganar la guerra, como concluir una paz durable. No parecería extraño que a sus 80 años de edad, se presente una vez más como pacificador en jefe, a las próximas elecciones presidenciales en 2028.
La Administración Trump de Estados Unidos (CENTCOM) niega que Irán controle Ormuz. Afirma que garantiza el «paso seguro», habiendo realizado ataques contra objetivos iraníes (radares, lanchas, sistemas anti-buque, etc.) para mantenerlo abierto y dice que el tráfico comercial continua, aunque a niveles muy reducidos. La cadena de televisión CNN confirmó en 38 oportunidades que Donald Trump anunció el fin inminente de la guerra.
El Presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Galibaf, ha prevenido que «el estrecho de Ormuz se reabrirá en virtud de modalidades iraníes, no por la presión y amenazas norteamericanas». Le importa el reconocimiento de su control sobre ese corredor estratégico, por donde transitaba el 20% del consumo mundial de petróleo antes del conflicto. La inestabilidad de la situación, acompaña los saltos de humor de Trump.
Los Estados Unidos prueban así, luego de Afganistán, Irak y Siria, los límites de la fuerza militar sin visión estratégica, al igual que el debilitamiento provocado por la destrucción de su capacidad de influir y atraer a otros sin usar la fuerza militar ni la coerción económica («soft power»). El suceso de las operaciones militares no borran la derrota económica, como la superioridad en los aires, cielos y el espacio no compensan la derrota marítima.
La guerra de Irán constituiría una nueva etapa en la declinación de Occidente. Europa pierde credibilidad, y le faltaron medios de potencia. Las democracias deben sacar las enseñanzas de este conflicto entre los Estados Unidos e Irán, destacando que la guerra del siglo XXI es permanente, larga y total. Washington actúa con una lógica punitiva, antes que el uso de una estrategia coherente de restablecimiento de la navegación.
Desde Ginebra, Juan Gasparini.

(1) Fuentes consultadas: «Le Monde», Francia, 11 de julio de 2026. «Le Point», París, 16 de abril, 18 de junio y 30 de julio de 2026.

