PROVINCIALES

El incierto destino de Cornejo, el armado de Petri y ¿quién digita los dichos de Ernesto Sanz?

La política empieza moverse a la defensiva frente a la cercanía de las elecciones de 2027. Desconfianzas, alianzas y misterios.

¿Cómo se explica la repentina aparición de Ernesto Sanz¿Qué busca el sanrafaelino, que permanecía oculto desde hace varios años? ¿Habla por sí mismo o es parte de la estrategia política de Mauricio Macri?

Esas son sólo algunas de las preguntas que se hace la política en estas horas, luego de que Sanz diera inicio a una carrera in crescendo de mensajes contra el kirchnerismo y La Libertad Avanza. Sus dardos se dirigen a ambos espacios por igual.

A sus íntimos les asegura que no busca ningún cargo ni rédito político, que sólo busca ayudar al armado de un espacio de centro que no dé cabida a los extremos que gobernaron al país en los últimos años. Ni la izquierda K, ni los libertarios.

¿Se trata acaso de la conformación de un nuevo Cambiemos? También lo niega. Sanz no quiere saber nada con algunos de los actores que supieron conformar aquella alianza en 2015. A su vez, hay quienes se negarían a integrar un espacio semejante, como Elisa Carrió, quien abrevó en aquellas aguas amargas.

¿Entonces? Nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que hay en la cabeza del sanrafaelino. Más aún: hay quienes aseguran que ni siquiera él tiene claro qué es lo que busca. Dicho de otra manera: sabe adónde quiere llegar, pero todavía no sabe cómo ni con quienes.

Por lo pronto, tiene una meta concreta y concluyente: reconstruir aquello que alguna vez fue la Unión Cívica Radical, hoy integrada por una argamasa de voluntades de diferentes extracciones ideológicas. Sin rumbo ni destino.

Sanz asegura que sólo habla con cuadros del radicalismo de paladar negro, viejos referentes que hoy no pinchan ni cortan. Con nadie más. Pero, ¿hay que creerle?

Como se dijo, crecen las sospechas de que mantiene un diálogo fluido con Macri, no sólo porque existe una antigua relación entre ambos, sino también porque es coincidente por demás el discurso de ambos en los últimos tiempos.

Incluso en detalles como el rechazo a la eliminación de las PASO. En ese punto, en los últimos días le tiró una indirecta a su comprovinciano, Alfredo Cornejo, al sostener que si este apoya la eliminación de las PASO se estaría dando «un tiro en el pie».

El gobernador mendocino no responde. No por soberbia, sino porque se encuentra imbuido en otros problemas que le quitan el sueño. El principal, la marcha de la economía.

A pesar de que dice apoyar las políticas de Javier Milei, Cornejo lo hace a medias, ya que observa cómo estas destruyen la microeconomía: pérdida de empleo registrado, caída de la actividad industrial, cierre de pymes, etc. Todo sin solución de continuidad.

Sería deshonesto no admitir que la macro se muestra pujante, sobre todo en lo que respecta a minería, agro y energía, pero se trata de rubros que no precisan de gran cantidad de mano de obra ni derraman en la economía del ciudadano de a pie.

Las encuestas empiezan a reflejar el hartazgo social ante dicha situación, con caídas de la valoración presidencial que llegan a niveles históricos. Todo ello, a su vez, sazonado por diversos escándalos de corrupción, que ayudan a insuflar el malhumor social.

El caso de Manuel Adorni es sólo la punta del iceberg. Si ahora mismo se pusiera una lupa sobre los funcionarios de primera línea del Gobierno, se vería que, salvo honrosas excepciones, ninguno puede justificar su nivel de vida.

Rajatabla, todos y cada uno cobran sobresueldos que salen de diversos negociados que hace el Estado con puntuales empresarios. También de los fondos reservados de la SIDE. Al estilo Menem, a quien Milei tanto admira.

También se paga a periodistas, tuiteros e incluso opositores, a cambio de sancionar ciertas leyes o ayudar a evitar el quórum parlamentario cuando es necesario. Para entender esto último hay que mirar a Edgardo Kueider, aquel malogrado senador nacional que fue detenido en Paraguay cuando cruzaba con 200 mil dólares sin declarar.

El propio exlegislador les ha confesado a sus íntimos que ese fue uno de los tantos pagos que recibió oportunamente por apoyar la voluminosa Ley Bases. También otras normas.

Sus esfuerzos en estas horas están enfocados en evitar ser extraditado a la Argentina, ya que en este terruño lo espera una intrincada causa judicial que se inició merced a una denuncia de quien escribe estas lineas, por enriquecimiento ilícito y otros delitos. Su destino será idéntico al de Amado Boudou, también denunciado por este cronista en 2012 y preso en 2017.

Volviendo a Cornejo, intenta hacer malabares con los cada vez más escasos recursos que ostenta la provincia, volcándolos principalmente a la obra pública, que es lo que la sociedad sabe apreciar. Su idea es la de dejar una suerte de «legado» de cemento.

En lo político se mantiene hermético, tal cual es su costumbre. Observa todo, y a todos. Y habla poco. Es más de escuchar. Para saber qué hacer. Sus decisiones siempre son de último momento, cuando las tiene completamente masticadas y digeridas.

Hoy mismo no pareciera tener un destino firme en la política. Pero es prematuro aún pensar en ello. Aún le resta un año de gobierno y siempre hay tiempo para buscar un palenque donde rascarse.

Aunque no se trata de una luminaria, Cornejo bien puede decir que es un tipo de suerte. Siempre cae bien parado. Lo sabe, pero jamás se confía en su buena racha. Es desconfiado por demás, como ya se reveló en este mismo espacio.

Su círculo de confianza se puede contar con los dedos de una mano. Desde siempre. Se trata de personas que supieron ganar su confianza trabajosamente y que, según él, jamás lo han decepcionado.

En este rincón, Luis Petri

Otro mendocino que no deja de pensar en su futuro es Luis Petri. Su sueño es gobernar Mendoza en 2027. Sabe que está acechado de enemigos, dentro y fuera de su propio espacio. Por eso me mueve con cautela. Y construye su propio círculo de confianza.

Para entender su estrategia hay que seguir lo que postea en redes sociales. Dejó de lado su postura de «figuretti» y sólo se enfoca en los (pocos) logros del Gobierno de Milei.

Evita meterse en «barros» innecesarios y no se inmola por nadie, ni por Manuel Adorni, ni por nadie. Sabe que ello traccionaría para abajo su buena imagen, la cual conserva con enorme esfuerzo. Pero, ¿cuánto más podrá lograrlo?

En buen romance, si Milei sigue «chocando la calesita», ¿cuánto demorará en que esas esquirlas le peguen de lleno a él? Imposible encontrar una respuesta… aún.

Por lo pronto, trata de no asomar demasiado la cabeza a la hora de armar su candidatura. Teme que alguna bazuca se la vuele. Hace bien.

Por Christian Sanz