Uno de cada cuatro adolescentes participó en retos virales durante el último año
| Un estudio realizado con 848 jóvenes argentinos detectó además vínculos entre estos desafíos difundidos en redes sociales y mayores niveles de uso problemático de Instagram e internet. |
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Buenos Aires, junio de 2026 – Un estudio realizado con 848 adolescentes argentinos de entre 11 y 17 años detectó asociaciones entre la participación en retos virales en redes sociales y mayores niveles de adicción digital, especialmente vinculados al uso problemático de Instagram e internet. La investigación fue publicada en la revista científica internacional Youth & Society.
Los resultados muestran que los retos virales forman parte de la experiencia cotidiana de una proporción significativa de adolescentes. El 14% de los encuestados afirmó haber realizado uno o dos retos virales durante el último año, el 5% participó en tres o cuatro desafíos y el 6% aseguró haber realizado cinco o más. En conjunto, uno de cada cuatro adolescentes reportó haber participado en al menos un reto viral durante los últimos doce meses.
“Esto no implica que todos los retos virales son negativos o peligrosos. Sin embargo, algunos pueden afectar nocivamente la salud física y mental de los sujetos. Ejemplo de retos de esta índole son el tratar de pasar la mayor cantidad de tiempo sin dormir o autosofocarse para quedar inconsciente. Existen infantes y adolescentes que han fallecido por este motivo”, subraya Santiago Resett, investigador independiente del CONICET-Universidad Austral y docente de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
Además, el 11% manifestó que le gusta que otras personas lo imiten y también realicen el desafío que compartió, mientras que el 6% señaló que disfruta hacer retos virales con otras personas para sentirse parte de un grupo.
El trabajo analizó conductas vinculadas a plataformas como TikTok, Instagram, YouTube y WhatsApp, donde los llamados “retos virales” se expanden rápidamente entre adolescentes. Estos desafíos consisten en grabarse realizando determinadas acciones y compartirlas en redes sociales para que otros usuarios las imiten y continúen viralizándolas como, por ejemplo, lo fueron las amenazas de tiroteo que se generaron recientemente a partir de la tragedia de San Cristóbal, en Santa Fe.
“Más que prohibir las nuevas tecnologías o dar sermones moralizantes a los adolescentes, se debe trabajar desde la reflexión y enseñar a pensar en las consecuencias de las acciones. Una pregunta con el fin de reflexionar podría ser: ¿pensaste cómo esa publicación que subiste a las redes sociales puede afectar a los demás y a nosotros como familia?”, sugiere Resett.
Los investigadores encontraron correlaciones positivas entre la participación en retos virales y distintos indicadores de uso problemático de redes e internet. En términos estadísticos, el estudio detectó una correlación de r=.376 entre la motivación social para participar en desafíos virales y los problemas asociados al uso excesivo de internet. Esto significa que, cuanto más importante era para los adolescentes participar de estos retos para sentirse incluidos o aceptados por sus pares, mayores eran también las dificultades vinculadas al uso compulsivo de internet.
Además, el trabajo halló una correlación de r=.365 entre la satisfacción generada por los retos virales y la adicción a Instagram. Es decir, los adolescentes que más disfrutaban participar en estos desafíos tendían también a presentar un uso más problemático de esa red social.
Según los autores, la necesidad de pertenencia, aceptación y reconocimiento social aparece como uno de los factores más importantes detrás de este fenómeno digital entre adolescentes.
El estudio identificó dos factores principales detrás de este fenómeno: la satisfacción personal que generan los desafíos virales y la motivación social o presión del grupo de pares para participar.
La investigación advierte además que algunos retos virales pueden implicar riesgos físicos, psicológicos y sociales para adolescentes. Entre los ejemplos mencionados se encuentran desafíos peligrosos vinculados a autolesiones, privación del sueño o conductas de riesgo difundidas masivamente en redes sociales.
El trabajo también destaca el fuerte nivel de penetración de las plataformas digitales entre jóvenes argentinos. Según datos citados en el estudio, YouTube tiene una presencia del 95% entre adolescentes y jóvenes, TikTok del 67% e Instagram del 62%. “Muchas investigaciones indican que estas dos plataformas son sumamente adictivas, en comparación con otras, como Facebook”, detalla el investigador de la Universidad Austral.
Finalmente, los autores coinciden en que fortalecer el pensamiento crítico digital y promover un uso más responsable de las redes sociales resulta clave para prevenir conductas de riesgo asociadas a los desafíos virales. “Desde las familias y escuelas se debería trabajar el uso responsable de estas tecnologías y no introducirlas precozmente”, concluye Resett.


