Ocho familiares de Brooklyn Rivera desaparecieron tras reclamar al régimen de Ortega el cuerpo del fallecido líder indígena
Más de un mes después de viajar a Managua para recuperar los restos del histórico dirigente miskito, sus familiares siguen sin rastro mientras el Estado guarda absoluto silencio sobre su paradero
04 Jul, 2026
Ocho familiares y allegados del fallecido preso político y líder indígena Brooklyn Rivera permanecen desaparecidos desde hace más de un mes, después de que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo los apresara cuando llegaron a Managua para reclamar el cadáver de su pariente.
Lo que comenzó como un viaje para cumplir la última voluntad de quien dedicó más de cuatro décadas a la defensa de los pueblos indígenas terminó convirtiéndose en un nuevo caso de desaparición forzada que ahora alcanza a quienes intentaron darle sepultura.
Desde la noche del 31 de mayo, cuando fueron detenidos tras discutir con altos funcionarios del régimen por la entrega del cuerpo de Rivera, nadie ha vuelto a saber de ellos. Sus familiares han recorrido delegaciones policiales, el complejo de Auxilio Judicial conocido como El Chipote y el Sistema Penitenciario La Modelo buscado respuestas.
“Nadie del Gobierno se ha acercado a informarnos dónde están, de qué los acusan o cuál es su situación. No tenemos absolutamente ninguna información”, dijo a Infobae Tininiska Rivera, hija del dirigente miskito, quien permanece fuera de Nicaragua por razones de seguridad.
“La dictadura Murillo-Ortega permitió que Brooklyn Rivera muriera bajo su custodia, y continúa deteniendo a ocho personas simplemente por pedir que sus restos fueran devueltos a su familia y a su comunidad. El duelo no es un delito. Exigir dignidad para los fallecidos no es un delito. La dictadura debe liberar a estas ocho personas restantes de forma inmediata e incondicional», dice un mensaje divulgado esta semana por el Departamento de Estado de los EEUU.
Desaparecido y muerto
La desaparición de los ocho familiares prolongó una historia que parecía haber terminado con la muerte de Brooklyn Rivera. Durante 971 días el Estado ocultó el paradero del histórico dirigente indígena.
Cuando finalmente reconoció dónde se encontraba, ya agonizaba en una cama de hospital bajo custodia policial. Cuatro días después murió. Horas más tarde, el régimen también tomó el control de su cadáver y de su funeral. Ahora tampoco se conoce el destino de quienes intentaron recuperarlo.
Has el 27 de mayo de 2026, 971 días después de su arresto, el régimen de Ortega y Murillo presentó al preso político Brooklyn Rivera, en estado agónico (Foto 19 Digital)
Tininiska asegura que todo comenzó con una llamada telefónica.
“La noche del 30 alguien llamó a mi tía para decirle que mi padre había fallecido y que el Gobierno iba a entregar el cuerpo. Por esa razón ella viajó junto con mi primo, mi sobrino y los demás familiares hacia Managua”, relata. “En total son ocho personas detenidas. De esas ocho, solo cuatro son familiares míos. Los otros no son familiares directos y no tengo autorización para hablar de ellos”.
“Entre mis familiares está mi tía, prima de mi papá, Alda López Bryan y su hijo Jorbis Escobar López; también Kurney Valle Bushy, que es mi sobrino. Además, fue detenida doña Florencia Sarmiento, quien durante muchos años cuidó la casa de mi papá en Bilwi, era la cocinera y asistente del hogar. También está Jorge Webster, que es amigo de la familia y líder de la comunidad de Lidaukra”, detalló.
Todos viajaron juntos desde el Caribe Norte convencidos de que finalmente podrían llevar el cuerpo de Brooklyn Rivera a su comunidad natal, donde el dirigente había pedido ser enterrado junto a la tumba de su madre.
Secuestro del cadáver
Sin embargo, al llegar a Managua comprendieron que las promesas oficiales eran distintas a la realidad. “Cuando llegaron les mostraron el cadáver de mi papá en el hospital, pero al momento de solicitar la entrega les dijeron que no se lo iban a dar“, recuerda Tininiska.
La explicación oficial fue que el Gobierno ya había organizado el funeral. Les informaron que habría una misa en la iglesia Morava y posteriormente el entierro se realizaría en Managua. Ni siquiera ese plan terminaría cumpliéndose exactamente como se les había dicho. El régimen modificó nuevamente el programa y aceleró las ceremonias bajo control estatal.
Para la familia, aquello significaba desconocer la voluntad expresa de Brooklyn Rivera. “Mis familiares respondieron que esa no era la voluntad de mi padre. Les dijeron que, si no iban a entregarles el cuerpo, regresarían a Puerto Cabezas y que no participarían ni en la misa ni en el entierro“, relata su hija.
Brooklyn Rivera era diputado ante la Asamblea Nacional y uno de los principales líderes indígenas de Nicaragua (Foto archivo)
Según su testimonio, entre quienes defendían la decisión del Gobierno estaban el magistrado del Consejo Supremo Electoral, Lumberto Campbell, y el presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, dos de las figuras con mayor peso político dentro del oficialismo.
“Ellos insistían en que ya había una orientación y que esa decisión se iba a cumplir. Mis familiares reiteraron que no aceptarían eso y que preferían regresar a la Costa Caribe”, añadió.
La discusión ocurrió, según la reconstrucción realizada por la familia, en la vivienda de Nancy Henríquez, histórica dirigente de Yatama y compañera política de Brooklyn Rivera.
«Cuando ya se retiraban, llamaron a la Policía y los detuvieron a todos“, afirma Tininiska Rivera. Desde ese instante, el grupo desapareció del radar de sus familiares. Ninguna autoridad notificó el motivo de las detenciones, tampoco informó a qué dependencia fueron trasladados ni reconoció oficialmente que permanecieran bajo custodia del Estado.
“Algunos familiares de los primeros seis detenidos han viajado a Managua para buscarlos. Han recorrido distintos distritos policiales, El Chipote y La Modelo, pero en ningún lugar les han dado información. Nadie les dice dónde están ni qué pasó con ellos“, explica Rivera.
Mientras tanto, Waylandin Rivera, uno de los hijos de Brooklyn Rivera, tuvo que ocultarse para evitar correr la misma suerte. Fuentes cercanas a la familia aseguran que existían advertencias de que también sería capturado si permanecía en Managua después de la muerte de su padre. Desde entonces permanece resguardado y su ubicación se mantiene en reserva por razones de seguridad.
Líder indígena
El histórico dirigente miskito fue detenido el 29 de septiembre de 2023, pocos meses después de regresar clandestinamente a Nicaragua. Semanas antes había viajado a Nueva York para participar en el Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas, donde denunció el avance de colonos sobre territorios ancestrales del Caribe Norte y responsabilizó al Estado nicaragüense por no proteger a las comunidades indígenas.
En los años 80, Rivera (izquierda) lideró una guerrilla indígena para combatir a la revolución sandinista. (Foto archivo)
Rivera no era un dirigente opositor tradicional. Durante décadas mantuvo una compleja relación con el sandinismo. Había combatido militarmente al primer gobierno sandinista en los años ochenta, pero también negoció la paz y posteriormente ocupó cargos públicos. Desde 2007 era diputado ante la Asamblea Nacional por Yatama, el principal partido indígena del Caribe.
Sin embargo, las diferencias con el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo fueron creciendo a medida que aumentaban las denuncias de invasiones a territorios indígenas, asesinatos de comunitarios y restricciones a la autonomía de la Costa Caribe.
Cuando regresó de Naciones Unidas en abril de 2023, las autoridades le impidieron ingresar por los puestos fronterizos oficiales. Rivera logró entrar semanas después por rutas utilizadas históricamente por las comunidades miskitas entre Honduras y Nicaragua.
“Estoy aquí, de nuevo, asumiendo algunos niveles de riesgo por amor a mi tierra, a mis comunidades, a mi pueblo, a mi gente”, dijo entonces en un video grabado desde la Mosquitia.
La mañana del 29 de septiembre de 2023 agentes policiales irrumpieron en una vivienda de Bilwi donde permanecía resguardado y lo arrestaron. Una fotografía difundida entonces lo mostraba esposado dentro de una ambulancia, vestido con una camisa gris y un pantalón azul. Sería la última imagen pública de Brooklyn Rivera durante casi tres años.
Desaparición forzada
El Estado nunca reconoció oficialmente dónde lo mantenía detenido. Tampoco informó si existía una investigación penal o una causa judicial abierta en su contra. Durante 971 días, su nombre pasó a integrar la lista de personas víctimas de desaparición forzada documentadas por organismos nacionales e internacionales de derechos humanos.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos le otorgó medidas cautelares pocos días después de su captura al considerar que enfrentaba una situación de extrema gravedad y riesgo para su vida. Más adelante, expertos de Naciones Unidas exigieron una prueba de vida e insistieron en que las autoridades debían informar inmediatamente dónde se encontraba y en qué condiciones permanecía detenido.
La respuesta oficial fue el silencio. Hasta que, inesperadamente, el 27 de mayo de 2026, el régimen difundió fotografías y videos que mostraban a Rivera postrado en una cama de hospital, conectado a ventilación mecánica y con un evidente deterioro físico. Eran las primeras imágenes suyas desde el día de su captura.
Cuatro días después estaba muerto.
El régimen de Nicaragua organizó unos funerales exprés para Rivera, sin la participación de sus familiares (Foto Asamblea Nacional)
La noticia de la muerte de Brooklyn Rivera fue anunciada por el régimen la tarde del 31 de mayo de 2026, casi un día después de su fallecimiento. Rosario Murillo afirmó que el dirigente indígena había recibido atención médica «con esmero médico y científico» y presentó al Gobierno como un acompañante solidario durante sus últimos días.
Para la familia, sin embargo, el mensaje oficial omitía que el Estado hablaba ahora de un hombre cuyo paradero había ocultado durante 971 días y cuya condición física solo reveló cuando ya agonizaba.
La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos expresó «serias preocupaciones» sobre las circunstancias de su muerte y recordó que nadie conocía su paradero hasta apenas cuatro días antes.
La portavoz Marta Hurtado sostuvo que seguían sin aclararse las condiciones de su detención, el acceso que tuvo a atención médica y la secuencia de acontecimientos que desembocó en su fallecimiento. El alto comisionado, Volker Türk, pidió una investigación imparcial e independiente, una solicitud que también formularon el Grupo de Expertos sobre Nicaragua de Naciones Unidas y Amnistía Internacional.
Último deseo incumplido
Desde mucho antes de ser detenido, Rivera había dejado claro cuál era su último deseo. Quería regresar definitivamente a Lidaukra, la pequeña comunidad miskita donde nació el 24 de septiembre de 1952 y donde descansaban los restos de su madre.
Tininiska recuerda que cuando cumplió quince años, su padre, Brooklyn Rivera, la llevó al cementerio de la comunidad. Allí, frente a la tumba de Pulcida, le pidió que cuando llegara el momento lo enterrara a su lado.
En lugar de entregar el cuerpo a sus familiares, el régimen decidió asumir el control absoluto de las exequias. Organizó una ceremonia en Managua encabezada por dirigentes del Frente Sandinista y enterró esa misma noche al líder indígena en un cementerio de la capital, lejos de la tierra donde había pedido descansar.
Las imágenes difundidas por los medios oficiales mostraban a diputados sandinistas alrededor del féretro, entre ellos el presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, y el jefe de la bancada oficialista, Edwin Castro. También aparecía Lumberto Campbell, el magistrado del Consejo Supremo Electoral que años antes había participado en las decisiones que terminaron con la cancelación de la personalidad jurídica de Yatama, el partido fundado por Rivera.
Quienes aparecían despidiéndolo eran los mismos funcionarios que habían respaldado las decisiones políticas que precedieron a su desaparición, al despojo de su condición de diputado y a la ilegalización del partido al que había dedicado gran parte de su vida.
Mientras el régimen proyectaba la imagen de un homenaje institucional, la verdadera familia de Brooklyn Rivera intentaba, sin éxito, recuperar el cadáver.
Para sus familiares, la historia de Brooklyn Rivera no terminó el 30 de mayo de 2026, cuando murió en un hospital bajo custodia estatal. Continúa con la desaparición de las ocho personas que viajaron para despedirlo y que, desde aquella discusión por su cadáver, tampoco volvieron a ser vistas.
Y, sobre todo, continúa con los restos del líder indígena que siguen en un cementerio de Managua, esperando volver a su tierra.

