POLÍTICA

Negacionismo institucional: el mensaje de Hebe Casado a 50 años del golpe

La vicegobernadora de Mendoza volvió a usar sus redes para banalizar el terrorismo de Estado.

24 marzo, 2026

Hay debates que atrasan, pero hay provocaciones que directamente dañan el tejido democrático. A escasas horas de conmemorarse los 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la vicegobernadora de Mendoza, Hebe Casado, decidió que era un buen momento para abrir su cuenta de X (ex Twitter) y poner en duda la cifra de los 30.000 desaparecidos.

Caer en la trampa de responderle con documentos históricos o censos es perder de vista el verdadero problema. El nudo de la cuestión no es si fueron 30.000. Un solo secuestro, tortura, desaparición o robo de un bebé perpetrado desde el aparato del Estado es una tragedia absoluta que no admite grises ni chicanas.

El verdadero escándalo aquí es la intencionalidad política: la segunda máxima autoridad de la provincia eligió la provocación deliberada en una fecha de luto nacional.

Gobernar no es trollear

El modus operandi no es nuevo, pero no por ello debe normalizarse. Casado parece no distinguir entre la investidura de una vicegobernadora y el comportamiento de un “troll” de internet que busca interacciones mediante el escándalo.

El mensaje de Hebe Casado

Esta actitud generó un repudio transversal e inmediato de historiadores como Marcelo Larraquy, dirigentes de la oposición y periodistas. Sin embargo, el repudio no debe centrarse únicamente en defender una cifra, sino en exigir respeto institucional.

La paradoja radical y el legado de Alfonsín

A la gravedad del exabrupto se le suma una contradicción política insoslayable. Hebe Casado no es una outsider que tuitea en soledad; es la vicegobernadora de Cambia Mendoza, una coalición oficialista cuya columna vertebral histórica y territorial es la Unión Cívica Radical (UCR).

Resulta incomprensible —y doloroso para la propia historia del partido— que la compañera de fórmula del radicalismo banalice la tragedia militar. Fue precisamente un gobierno de la UCR, encabezado por Raúl Alfonsín, el que tuvo la valentía histórica de impulsar la CONADEP, sentar a los dictadores en el banquillo durante el Juicio a las Juntas y echar luz sobre la maquinaria del terrorismo de Estado ante los ojos del mundo.

El silencio de sus socios políticos frente a estas provocaciones recurrentes pone en jaque el propio capital histórico del radicalismo mendocino. ¿Cómo se concilia el orgullo por haber liderado el esclarecimiento de los crímenes de lesa humanidad en el retorno a la democracia, con la tolerancia hacia una vicegobernadora que usa esas mismas heridas para sumar retuits?

El peso del Nunca Más

Mendoza siempre se ha jactado de su calidad institucional. Que hoy el debate provincial sea arrastrado al barro de las chicanas de redes sociales es un retroceso.

A medio siglo del inicio de la noche más oscura de la Argentina, la sociedad consolidó un pacto inquebrantable: el Nunca Más. Cuando una funcionaria de alto rango dinamita ese consenso para ganar visibilidad efímera, y sus aliados miran para otro lado, no están siendo rebeldes; están siendo profundamente irresponsables.