La ONU prepara una nueva convención internacional sobre el «crimen contra la humanidad»
Tres cuartos de la población mundial son gobernados por regímenes autoritarios. La democracia a retrocedido en America Latina y en el bloque del este. China y Rusia impulsan el autoritarismo. El poder ejecutivo de Estados Unidos aumenta su poder coercitivo ante el fenómeno de la inmigración, agrede jueces y es hostil a la prensa independiente.
desde Ginebra, Juan Gasparini
Finalizada en enero de 2026 en Nueva York la primera sesión preparatoria sobre una futura
convención para la prevención y represión de crímenes contra la humanidad, el procedimiento
que fuera instigado por México y Gambia, mediante una resolución de la Asamblea General de la
ONU en 2024, debería dar a luz futuros debates para una definición legal a escala global,
anunciando los mecanismos de prevención y castigo de tales crímenes contra la humanidad. (1)
La Comisión de Derecho Internacional de la ONU, compuesta por 34 miembros elegidos por la
Asamblea General, renovables cada 5 años, finalizó en 2019 proyectos de artículos sobre la
prevención y represión de crímenes contra la humanidad. Recomendó la elaboración de una
Convención. Propuso medidas concretas que crearan obligaciones especificas para los Estados
en materia de prevención, represión, cooperación judicial, y ayuda mutua.
Los Estados miembros pueden desde ahora lanzar negociaciones formales, «apuntando a crear
obligaciones especificas», tomando en consideración los mecanismos ya utilizados para forjar,
por ejemplo, las convenciones contra el genocidio y la tortura, siguiendo las codificaciones
elaboradas para sancionar los crímenes de guerra elaborados en La Haya y Ginebra, que resulten
un antídoto de paz y justicia en una »humanidad» hoy arrasada por la guerra y la desesperanza.
La expresión «crimen contra la humanidad» apareció con el genocidio de los armenios, en 1915, y
responsables del Tercer Reich debieron afrontarlo durante los juicios en 1946, a causa del
antisemitismo. El nazi Klaus Barbie fue condenado a cadena perpetua en Lyon, Francia, el 4 de
julio de 1987 por la represión que allí ejerciera durante la segunda guerra mundial. Del mismo
modo fueron luego sancionados criminales en la ex-Yugoslavia (1991-2001) y en Rwanda (1994).
Sin embargo, ese nuevo instrumento no pondrá fin a las guerras actuales y futuras, aunque los
Estados estarán en la obligación legal de perseguir a los autores de esos crímenes. De Gaza a ElFasher (Sudan), de Kiev a Caracas, el derecho internacional dispondrá de una definición universal
de crimen contra la humanidad a escala global, enunciando mecanismos de prevención y de
castigo de esas infracciones, sistematizando el derecho internacional, combinando aspectos de
codificación (documentar normas existentes), y desarrollo progresivo (proponer nuevas reglas).
De crearse ese nuevo instrumento podría permitir la presentación de recursos ante la Corte
Internacional de Justicia de La Haya, la más alta instancia judicial de la ONU, abocada
últimamente a casos concernientes a Israel y a Palestina. No lo ha hecho con presuntos crímenes
de lesa humanidad al no existir una convención o un tratado internacional que lo habilite. Ciertos
juristas estiman que el crimen contra la humanidad, sería mas fácil de probar que el de genocidio.
La definición de crimen contra la humanidad que parece reunir más adeptos seria «cuando se
comete en el marco de un ataque generalizado o sistemático lanzado contra una población civil»
y «en aplicación o la persecución de una política de un Estado o de una organización». La lista de
actos que la compondrían podrían ser, «dar muerte, exterminación, reducción a esclavitud,
deportación, transferencia forzada de población, tortura, violación, esclavitud sexual,
persecuciones y desapariciones forzadas».
Se estima que serían susceptibles también de incorporarse «nuevos tipos de crímenes», en
particular «medidas coercitivas unilaterales y diversas practicas neo-coloniales que tienen efectos
devastadores a largo plazo en la población civil. El continente africano reclama que se admita la
esclavitud, el apartheid, el colonialismo, la segregación racial, el saqueo de recursos, si fueran
cometidos de forma sistemática en el marco de una política determinada».
Al tiempo, un grupo de trabajo forjado durante el desarrollo de los debates, reclama de introducir
«los sistemas de armas letales autónomas, es decir robots asesinos, la prostitución, los
casamientos forzados, la prostitución, la esterilización, los embarazos forzados, y el apartheid de
genero». A su vez, varios «países árabes y africanos (Irak, Argelia, Egipto, Jordania, Turquía, Iran y
Arabia Saudita), reclaman precisar en el tratado, «que una familia debe estar formada por 2
personas de sexo opuesto» y que « el concepto de familia derive de una realidad biológica».
«Los Estados Unidos no han votado, ni han hecho declaraciones. Observan. Pero permaneciendo
silenciosos han ayudado a China y a Rusia, que intentan frenar el avance de los debates. Rusia
propone que la futura convención garantice la inmunidad de los dirigentes, cuando su presidente,
Vladimir Putin, está inculpado por la Corte Penal Internacional (CPI) desde el 2023, por la
deportación de niños ucranianos, y Moscú se plegó a Francia e Inglaterra desde el pedido de
captura contra Benjamín Nétanyahou, insistiendo en preservar la inmunidad de los dirigentes».
(1), «Le Monde», Paris, 7 de febrero de 2026.

