El peligro de cada verano: preocupación por bañistas imprudentes en los canales de riego de Mendoza
El Gobierno anunció multas de hasta 4 millones de pesos ante el aumento de víctimas fatales y la imprudencia de quienes buscaron refrescarse en cauces prohibidos.
29 enero, 2026
a costumbre de utilizar los cauces de riego para paliar las altas temperaturas en Mendoza persistió durante esta temporada verano a pesar de las tragedias acumuladas y las constantes advertencias de los expertos sobre los peligros que representa. Esta situación planteó un serio interrogante sobre la falta de conciencia social y la eficacia de los controles estatales en las zonas más afectadas.
Los antecedentes trágicos marcaron la gravedad de la problemática en los últimos años. En 2023, tres jóvenes perdieron la vida en un canal de San Martín pese a las maniobras de reanimación que recibieron en el lugar. Durante 2024, la cifra de fallecidos por esta causa superó las siete personas, lo que confirmó una tendencia alarmante entre la población juvenil que ignoró las prohibiciones vigentes.
Además, la infraestructura de los cauces modernos agrava el riesgo para quienes deciden ingresar al agua ya que la impermeabilización de los canales, que reemplazó la tierra por el cemento, provoca que el caudal circule con una fuerza muy superior a la habitual. Este cambio técnico impide que los bañistas logren sostenerse o salir por sus propios medios una vez que la corriente los haya arrastrado.
Las acciones por parte del estado provincial
Para esta temporada veraniega, las autoridades provinciales endurecieron las medidas punitivas y establecieron multas severas que alcanzaron los 4 millones de pesos. De esta forma, el Ejecutivo busca desincentivar una conducta que viola el Código Contravencional y pone en riesgo extremo la vida.
Al respecto, funcionarios del área manifestaron a Radio Regional: “Pedimos a los jóvenes que no se bañen en los canales porque pueden resbalarse y la corriente los arrastrará provocando golpes y hasta la muerte”.
Los habitantes de las zonas rurales compartieron su angustia ante la frecuencia con la que observaron estas conductas imprudentes, por lo que muchos vecinos llamaron a la policía o intervinieron personalmente para evitar finales fatales en las puertas de sus hogares. Un vecino relató al mismo medio: “Al vivir en zonas rurales o donde el canal pasa por la puerta de nuestra casa, muchos jóvenes y hasta niños se meten a bañar”, resaltando la necesidad frecuente de rescates de emergencia.
De esta forma, la falta de conciencia y la escasez de vigilancia en puntos alejados transformaron una actividad ilegal en una rutina diaria peligrosa que suele terminar en tragedias totalmente evitables.

