Servicios sexuales en Mendoza: los riesgos y la realidad detrás de la calle
9 de octubre de 2026
Tras el caso Maxi Ghione, una ex trabajadora sexual de Mendoza cuenta en primera persona sus 28 años en la calle: la violencia, los riesgos y lo que cambió.
A partir del escándalo con el actor Maxi Ghione sobre el pago de servicios sexuales y los riesgos que pueden atravesar quienes ejercen la prostitución, ponemos el foco en Mendoza. Samira Stroms, ex trabajadora sexual, cuenta en primera persona cómo fue su experiencia durante 28 años, los peligros que enfrentó y cómo cambió el escenario en los últimos años.
Hablar de prostitución implica también hablar de historias personales, contextos económicos, violencia y decisiones atravesadas por distintas circunstancias. En Mendoza, una de esas voces es la de Samira Stroms, quien durante 28 años ejerció el trabajo sexual y hace una década decidió dejarlo.
Samira comenzó a trabajar a los 22 años. Según cuenta, la falta de oportunidades laborales formales la llevó a encontrar en la calle una manera de generar ingresos.
«Quizás no me arrepiento de haber trabajado y caminado la calle. Eso, así como me dio bienestar económico, también me dio tristeza», relata.
Su lugar de trabajo era principalmente la ruta, una zona que, según explica, implicaba mayores riesgos que otros sectores. A lo largo de esos años, asegura haber visto situaciones de violencia y maltrato hacia otras trabajadoras y reconoce que ella misma atravesó momentos difíciles.
«Muchas compañeras eran maltratadas. Incluso siéndolo también yo», recuerda.
Una realidad que, según Samira, cambió
Desde su experiencia, Samira sostiene que en la actualidad las condiciones en algunas zonas son más complejas y menciona la presencia de violencia y drogas como parte de ese escenario.
Durante los años que ejerció, cuenta que no consumía drogas y que siempre intentó mantenerse al margen de ese mundo.
También recuerda que su vínculo con algunos clientes no se limitaba al encuentro sexual. «Los hombres me buscaban y me pagaban por ser escuchados. Descargaban conmigo sus problemas del día a día», relata.
Su testimonio pone sobre la mesa una dimensión menos visible de esta actividad: la conversación, la escucha y el vínculo que, según cuenta, algunos clientes buscaban además del servicio sexual.
Las llamadas «madamas»
Samira también recuerda una figura que, según su relato, tenía presencia en aquel momento: las llamadas «madamas», mujeres que organizaban o controlaban el trabajo de otras trabajadoras sexuales.
«Muchas hacían trabajar a las chicas y, a cambio, les daban comida, una cama donde descansar y ropa», explica.
Sin embargo, aclara que ella nunca trabajó para una madama. «Tenía un carácter muy fuerte. Quizás les generaba miedo. Todo lo contrario: me supe ganar el respeto respetando a todas y todos», sostiene.
Una decisión atravesada por la experiencia
Después de 28 años, Samira decidió dejar la calle. Hoy, a sus 55 años, mira hacia atrás y reconoce tanto las dificultades como aquello que pudo construir durante ese período.
Su consejo para las mujeres más jóvenes, según cuenta, siempre fue el mismo: si decidían ejercer, hacerlo tomando recaudos y sin dejar de buscar otras oportunidades.
Su historia abre una pregunta que excede el caso puntual que volvió a poner el tema en discusión: ¿qué ocurre hoy en Mendoza con las personas que ejercen la prostitución y cuáles son los riesgos que enfrentan?

