Aportes y jóvenes: por qué el monotributo no alcanza para jubilarse y qué hacer de cara al futuro
Para el trabajador independiente, 40 años de aportes no alcanzan bajo el sistema previsional actual. Mientras no se impulsen reformas, ¿qué herramientas tiene quien ingresa al mercado laboral para asegurarse su retiro?
¿Ya no alcanza con sólo ahorrar? ¿Vamos camino a no tener una jubilación? ¿Qué ocurrirá con los «veinti y treintañeros» en los próximos 40 años? ¿Habrá reforma jubilatoria a corto plazo? Muchas preguntas, pocas respuestas.
La premisa de “qué ocurrirá con mi jubilación” debería ser un motivo de ocupación para esta franja etaria, y si bien no es una primicia, el déficit acumulativo en el sistema es una amenaza para quien hoy se inicia en el mercado laboral. Por lo que el joven tiene la obligación tácita de modificar el chip en su modo de vivir, pensar en el ahorro, incorporar la idea de inversión, y sobre todo, pensar en las próximas etapas de la vida.
Si el presente laboral se enmarca bajo el régimen del monotributo, hay que tener en cuenta algunos datos. En los últimos 15 años, la cantidad de monotributistas creció un 70%. Sin embargo, recalcamos el hecho de estar frente a un sistema que acumula déficit: con 40 años de aportes, la categoría más baja (A) solo logra cubrir el 9% de una jubilación mínima para un hombre, y el 6% para una mujer. Ninguna de las 11 categorías existentes son suficiente para sostener el retiro, ya que en la escala más alta (K), los aportes cubren apenas el 75% en el caso masculino y el 50% en el sector femenino. Otro problema de fondo es la brecha estructural en el sistema laboral: frente a un empleado formal que aporta el 11% de su ingreso a la jubilación, el monotributista aporta solo un 1,1%.
Esta situación llama a desactivar el «modo avión» de simplemente pagar un monotributo todos los meses. Para el tema, se consultó a Elena Alonso, economista y especialista en finanzas, quien puso el foco en no solo tomar las riendas de manera individual, sino de empezar a prestar atención al hecho de que, si no cambian las formas, la jubilación va camino a ser una pensión universal para todos en un par de años (el 80% de jubilación mínima, en la fecha equivale a 348 mil pesos).
Hacia dónde debería ir una reforma previsional
Uno de los problemas es que muchos jóvenes que comienzan a trabajar y abonan su monotributo mensual creen que su jubilación ya está resuelta.
«El sistema jubilatorio argentino funciona como una ‘gran caja’ donde los trabajadores activos de hoy financian a quienes ya se jubilaron», detalla. «No obstante, ante una población que vive más años y una masa laboral que cada vez aporta menos, esa caja no va a cerrar», advierte la economista.
Frente a la pregunta de qué ocurre entonces con el déficit, la respuesta es tajante. Los faltantes del sistema «se tapan con impuestos, con deuda o dejando justamente que la inflación achique la jubilación. Y en Argentina ya las vimos a las tres cosas».
Pensando en una reforma previsional sostenible a futuro, Alonso expresa que el primer paso radica en lograr «que lo que cada uno aporta tenga relación con lo que realmente gana, pero sin castigar al que recién se formaliza». Para la economista, el régimen simplificado cumple un rol indispensable como puerta de entrada al trabajo en blanco que hay que cuidar sin aumentar la carga impositiva. A la par de esto, plantea la urgencia de transparentar la información previsional mediante un resumen de cuenta individual donde el trabajador pueda ver lo acumulado y su proyección de haber: «Lo que no se ve no se cuida; yo siempre digo que lo que no se mide no se puede gestionar, y en esto pasa lo mismo».
Por otro lado, propone descentralizar la presión sobre el Estado otorgando un «beneficio impositivo fuerte para quien ahorra para su cuenta para el retiro», estimulando así la capitalización privada voluntaria. A esta medida añade la necesidad de fijar «una edad de retiro que acompañe que hoy vivimos más años», unificar criterios revisando los regímenes especiales para volver las reglas más parejas y, bajar el costo laboral. La informalidad seguirá siendo el núcleo del problema mientras el costo de entrada para poner un empleado en blanco continúe siendo alto.
La hoja de ruta: decisiones financieras para el futuro
Si depender de la caja del Estado es un riesgo, la juventud debe armar su propia cartera de retiro. Alonso propone el siguiente plan de acción:
- Sincerar la facturación: Subfacturar en el presente representa un ahorro falso que se terminará pagando muy caro durante la vejez. La primera decisión es facturar lo que realmente se gana y mantenerse en la categoría correspondiente. El capital de ese «ahorro» impositivo que no se hace debe ir directo a una cuenta de inversiones.
- Fondo de emergencia: Antes de apuntar al largo plazo, es indispensable construir un fondo equivalente a entre tres y seis meses de gastos. Esto evita tener que tocar el dinero invertido ante cualquier eventualidad.
- Sistematizar la inversión: No importa si el monto es pequeño, lo vital es que el mismo día que se cobra un ingreso, se separe una suma fija destinada a la inversión.
- Diseñar una cartera agresiva: A los 25 o 30 años, el tiempo es la mejor herramienta. La economista sugiere armar una cartera con un 66% o 70% en renta variable. Una excelente alternativa son los CEDEARs del índice S&P 500, ya que con una sola compra se diversifica en las 500 empresas de mayor capitalización del mundo.
- Renta fija como resguardo: El 20% o 30% restante de la cartera se puede colocar en una renta en dólares, comprando Obligaciones Negociables (bonos) de empresas que sean sólidas.
¿Seguro de retiro o cuenta propia?
Al evaluar las alternativas para construir el fondo de jubilación, surge el dilema entre delegar el ahorro en un Seguro de Retiro o gestionar directamente una cartera bursátil.
Sobre la primera opción, Elena Alonso destaca la disciplina como su mayor virtud: «El seguro tiene sus cosas buenas: te obliga, te disciplina, esa plata no la tocás porque te la sacan de la tarjeta de crédito, tiene beneficio en Ganancias y al final te puede pagar una renta de por vida que te cubre». No obstante, advierte también sobre sus limitaciones: «Suele tener un costo más alto, si lo rescatás antes te penaliza mucho y generalmente rinde menos que una cartera propia».
En contraposición, la economista analiza las ventajas de manejar las propias inversiones en el mercado de capitales: «La cartera propia tiene las ventajas de que posee costos más bajos, tenés más control sobre lo que invertís y tenés el dinero disponible todo el tiempo». Sin embargo, aclara que el principal factor de riesgo en este esquema pasa por la conducta del propio inversor: «El riesgo sos vos mismo: de que podés vender cuando ves que baja o comprar mal».
Frente a esta disyuntiva, Alonso no plantea una elección excluyente, sino una estrategia combinada para maximizar beneficios: «Un complemento entre los dos no está mal: un seguro y una cartera de retiro propia».
Cambio urgente de mentalidad
Para dimensionar la potencia del interés compuesto y la urgencia de empezar a invertir a edades tempranas, la economista ejemplifica: «Si ahorrás el equivalente a 100 dólares por mes durante 40 años y lo invertís, con un rendimiento del 4% anual descontado de la inflación, generás 114 mil dólares». Ese capital acumulado transforma radicalmente la perspectiva del independiente al momento del retiro: «Si vos tenés 114 mil dólares, te podés retirar con 700 dólares por mes. No reemplaza la jubilación, pero le cambia la vida a alguien que va a cobrar la mínima». En contraste, postergar la decisión apenas una década diluye el resultado, dado que «si empezás 10 años más tarde, juntás solamente 67 mil dólares, casi la mitad».
Esta brecha resulta todavía más crítica en el caso de las mujeres dentro del sistema laboral. «Un dato que no me gusta dejar pasar es que las mujeres quedan todavía peor en estas cuentas, porque vivimos más años; la misma plata te tiene que alcanzar más tiempo», advierte. Por esta razón, el análisis demuestra que las mayores trabas no son únicamente impositivas o de contexto macroeconómico, sino de educación financiera y conducta individual.
«El cambio es más que nada de cabeza», concluye Alonso, sintetizando la premisa central que todo trabajador independiente debería adoptar desde su primer ingreso: «El ahorro para el retiro tiene que ser un gasto fijo más, como el alquiler o el celular».

