El espejo de Cambiemos: las lecciones que miran libertarios y peronistas rumbo a 2027
27 de septiembre 2026
La Libertad Avanza revisa el último tramo de Mauricio Macri, mientras el peronismo observa las heridas que dejó la pelea con Horacio Rodríguez Larreta. El poder de daño de los liderazgos, los planes B y el regreso de los intereses territoriales cuando se afloja la disciplina.
Desde el retorno a la democracia en 1983 hay un fantasma que persigue a los gobiernos no peronistas: terminar los mandatos y, de lograrlo, hacerlo sin estar envueltos en una crisis. Esas mismas sombras empiezan a ceñirse sobre la gestión de Javier Milei, quien, pese a la caída de la actividad y la suba de la pobreza difundidas esta semana, se entusiasma con llegar con aire a 2027 y ser el primero de la saga en reelegir.
Acaso, por las propias características programáticas y estructurales de los partidos, buena parte del arco político empieza a mirar el sprint final de Cambiemos. Tanto el PRO como La Libertad Avanza (LLA) lograron romper con el bipartidismo, por más que Mauricio Macri haya contenido a la UCR dentro de la alianza gobernante, en un rol menor. Además, buena parte de los objetivos fueron compartidos: estabilización de la macro, ajuste de la estructura del Estado, más peso al sector privado, baja de la presión impositiva y liberación del cepo. Aunque buena parte de ese punteo no tenga o no haya terminado, según el caso, con la tilde verde de la tarea cumplida.
La pregunta, inevitable, es: ¿en qué andaba el oficialismo allá por 2018? ¿La situación era comparable a la de 2026? ¿La imagen erosionada de Mauricio Macri es similar a la de Milei a esta misma altura de gestión? ¿Existe un plan B dentro del oficialismo que hermane los casos de Patricia Bullrich y María Eugenia Vidal?
Pero la comparación excede a la economía. Cuando un gobierno entra en la segunda mitad de su mandato y el poder presidencial deja de ser expansivo, empiezan a moverse las piezas que hasta entonces permanecían ordenadas. Aparecen los planes B, las sucesiones y las lealtades condicionadas.
El peronismo, en tanto, también empieza a observar el pasado de Cambiemos. Pero un período más reciente, el de 2023, cuando el espacio se batió a duelo en una interna con consecuencias devastadoras para el partido de Mauricio Macri y heridas profundas de largo plazo, difíciles de dimensionar. El poder de daño de los expresidentes y los problemas de sentirse candidato un año antes aparecen en la discusión de fondo.
El espejo de 2018
Primer punto de coincidencia: tanto Cambiemos/Juntos por el Cambio como LLA ganaron las elecciones de medio término, en 2017 y 2025, respectivamente. Al año siguiente, ambos gobiernos comenzaron a sentir el freno de la actividad. En julio de 2018, el EMAE cayó 2,7% interanual. En julio de 2026 retrocedió 1,4% contra el mismo mes del año anterior y 2,9% respecto de junio en la medición desestacionalizada.
Este guarismo, sumado a la baja del PBI en el segundo trimestre de este año, encendió las alertas sobre una posible recesión técnica de la economía argentina, que el Gobierno atribuyó a la actividad desestacionalizada y hasta a una supuesta vagancia durante el Mundial, según una pícara explicación oficialista.
Pero, más allá de los nubarrones que tiñen el horizonte económico libertario, hay una serie de diferencias considerables en el plano político. “Cuando asumió Macri, la sociedad no tenía en la memoria una crisis económica, buscaba un cambio de modos políticos. En tal caso, había una crisis encubierta por el desorden de la macro, pero que no se había trasladado al bolsillo de la gente”, expresó ante este medio un dirigente de LLA. Una espada del PRO coincidió con el análisis: “Bajo ese precepto, las condiciones no estaban dadas para un shock como el que aplicó Milei. Todavía nos seguimos preguntando si hicimos bien en aplicar el gradualismo… y creo que sí”.
Ese shock es el que le da otro punto a favor de Milei: mientras Macri debió financiar déficit fiscal con endeudamiento externo, LLA ya hizo la tarea. «El ajuste Cambiemos lo hizo después de ir al FMI en 2018, y pagó el costo social cerca de las elecciones», explican.

Tanto Cambiemos como LLA ganaron las elecciones de medio término, en 2017 y 2025, respectivamente, pero al año siguiente comenzaron a sentir el freno de la actividad.
También hay una mirada concordante en las veredas violeta y amarilla respecto a que el peronismo se encuentra hoy en una situación de mayor debilidad que entonces. No solo porque el liderazgo de Cristina era más penetrante, ni únicamente por su situación judicial, sino porque el legado de 2023 fue una inflación galopante, derrumbe y cerrazón económica y la inédita emergencia de empleados registrados pobres, una daga en la base histórica del peronismo.
“En el gobierno de Macri, además, había 15 gobernadores peronistas, y hoy hay 5”, reflexiona un funcionario de aquel tiempo. El dirigente macrista también recuerda la resistencia interna de los integrantes de la alianza: los primeros en cuestionar la suba de tarifas fueron los líderes de la CC-ARI y de la UCR, Elisa Carrió y Alfredo Cornejo. Hoy, en cambio, las internas pasan por otros carriles.
Bajo esta mirada, Milei parece tener una ventaja: pudo pagar los costos del ajuste temprano y la oposición tiene menor poder de fuego. Sin embargo, hay hechos insoslayables: no solo cayó la actividad, sino que se conoció el reciente aumento de la pobreza, a lo que se suman la baja de la industria, del empleo y las turbulencias financieras, con un riesgo país que volvió a superar los 600 puntos. Todo, acompañado por un contexto internacional que incomoda a mercados emergentes como el argentino.
El magma que ocultan las planillas del orden fiscal erosiona los ingresos de millones de argentinos y es una de las explicaciones de la caída de Javier Milei en las encuestas, quien, no obstante, se mantiene en niveles competitivos. Pero el proyecto político enfrenta mayores internas que las que tuvo Macri. Y allí, en ese punto, asoma la figura de Patricia Bullrich, que sigue tensionando hacia adentro: el distanciamiento con Karina Milei ya es evidente.
La hermana del Presidente es esmerilada por otro escándalo, el que sacude a Olivos con denuncias de sobrecompras de alimentos, desmentidas por el Gobierno. Su ausencia del viaje a Nueva York, ciudad que marcó el principio del fin de Manuel Adorni hace medio año, no fue casual, dicen en la Casa Rosada. Incluso, hay quienes mencionan que cada paso en falso de Karina es un paso hacia adelante de Santiago Caputo, aunque muchos señalan que sus soldados digitales ya no militan cualquier causa. Toman distancia prudente.
Como sea, Patricia Bullrich volvió a sacudir al oficialismo con sus diferencias por el Presupuesto y los cambios en discapacidad. También resistió hasta último momento las presiones para modificar la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. Y aquí vuelve a aparecer el recuerdo de la administración de Macri: “Si le hubiese dejado el lugar a Vidal, quizás ganaban”, dicen sus laderos. No es casual que esta semana la exministra de Seguridad haya declarado: “Tiene que reelegir el proyecto”. Proyecto, claro, no es lo mismo que Milei.
La analogía sirve como advertencia, no como calco. Bullrich tiene una trayectoria y una autonomía política que Vidal nunca tuvo frente a Macri. Se siente en la encrucijada de romper o permanecer. El problema para optar por la garrocha es que tiene un olfato que le hace prever que sus posibilidades se acrecientan dentro del proyecto libertario, dado que fue Milei quien abrió una ventana conceptual que le sienta bien, máxime cuando el círculo rojo busca una continuidad con otros modales. Cerrar la ventana de motosierra y mano dura puede ser perjudicial para la senadora.

Asoma la figura de Patricia Bullrich, que sigue tensionando hacia adentro y muchos la ven en un rol similar al que tuvo María Eugenia Vidal en 2019: un plan B.
“Vidal, de todos modos, siempre declaró que jamás le hubiese disputado el lugar a Macri, ya que reconocía que si fue gobernadora fue gracias a Mauricio. Fue leal”, manifestó un dirigente libertario; una frase que también resuena en otros cuarteles, aunque por razones distintas, donde la palabra “lealtad” tiene una fuerza simbólica de otras dimensiones.
Sin embargo, las dudas respecto a si dejar o no los pies en el plato libertario se nutren de otros hechos del pasado. ¿Qué pasa cuando al líder de un proyecto le va mal? En el bullrichismo, que vivió ambos gobiernos, creen que hay un efecto arrastre. Por caso, Vidal terminó siendo derrotada por Axel Kicillof, pese a que cerró su gestión con una buena imagen. Es decir, si el derrotero de Milei continúa cuesta abajo, ¿se podrá salvar una sola figura? ¿Alguien se salva solo? Y, en caso de que ese efecto arrastre se compruebe, ¿alcanza con saltar de vereda? Son preguntas que se hacen en despachos del Senado.

