OPINIÓN

La paz en Medio Oriente podría bajar los precios de la energía, pero no alcanzaría para recomponer los inventarios

El director del Instituto de Energía de la Universidad Austral, Ing. Roberto Carnicer, analiza por qué una eventual solución del conflicto aliviaría la presión sobre el crudo, el GNL y el GLP, aunque advierte que el mercado seguirá condicionado por las consecuencias físicas de la crisis.

Buenos Aires, junio de 2026 – La posibilidad de una solución al conflicto en Medio Oriente modifica de inmediato las expectativas de los mercados energéticos internacionales. Sin embargo, el ingeniero Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral, indica que una reducción del riesgo geopolítico no implica necesariamente un regreso a los niveles de precios previos a la crisis.

“La paz puede retirar la prima de pánico, pero no llena automáticamente los tanques, no repone inventarios, no normaliza contratos ni devuelve de un día para otro la confianza logística de armadores, traders, compradores y aseguradoras”, sostiene.

En ese sentido, explica que el escenario más probable es una normalización con inventarios todavía afectados por el conflicto“La baja de precios debería existir, especialmente en crudo, pero con pisos más altos que los que hubieran prevalecido en un mercado físicamente cómodo”, afirma.

El crudo sería el primero en reaccionar

Según Carnicer, el petróleo es el mercado que más rápidamente descuenta una eventual solución política debido a la flexibilidad de sus fuentes de abastecimiento. “El petróleo crudo es el primer mercado en reaccionar ante una expectativa de solución política”, señala, y agrega: “esa flexibilidad hace que el Brent sea el precio más sensible a una reducción de la prima geopolítica”.

De concretarse un acuerdo creíble, considera que “el Brent podría abandonar rápidamente la hipótesis de USD 105-120 por barril que correspondía a un Ormuz restringido hasta agosto”, para ubicarse en un rango más cercano a los USD 80-90 por barril.

No obstante, advierte que existe un límite para esa caída debido a la necesidad de recomponer existencias. En sus palabras: “La paz baja el riesgo; la necesidad de inventario pone el piso”.

El GNL mantendría una corrección más gradual

En el caso del gas natural licuado (GNL), Carnicer considera que la respuesta del mercado sería más lenta porque depende de una infraestructura compleja y de contratos de largo plazo. “El gas natural licuado es distinto. Es el mercado más rígido de los tres porque no alcanza con que aparezca voluntad política”, explica.

Por ese motivo, aun cuando se normalice la situación en el Golfo Pérsico, “el mercado de GNL probablemente mantendrá una prima por seguridad de suministro”.

Europa continúa necesitando abastecer sus almacenamientos antes del invierno, mientras que Asia también comienza su proceso de preparación para la temporada de mayor consumo, factores que sostendrían los precios por encima de los niveles previos al conflicto.

GLP: una baja parcial y desigual

Respecto del gas licuado de petróleo (GLP), Carnicer ubica a este mercado en una posición intermedia entre el crudo y el GNL.

“La normalización de Ormuz debería aliviar precios, pero no eliminar completamente la tensión”, afirma.

Además, marca diferencias entre los principales componentes del mercado. “La baja del GLP será real, pero desigual. El propano corregirá más; el butano conservará una prima por demanda residencial y recomposición de inventarios asiáticos”, indica.

Paz no significa abundancia

Para Carnicer, uno de los principales aprendizajes que deja la crisis es que los mercados distinguen claramente entre el riesgo político y la disponibilidad física de la energía.

“La lección principal es que el mercado energético diferencia entre riesgo político y disponibilidad física”, sostiene.

Y resume el desafío con una definición contundente: “Una solución diplomática puede reducir de inmediato la prima de guerra. Pero no recrea inventarios, no libera automáticamente capacidad logística, no recompone contratos ni elimina la necesidad de compras preventivas antes del invierno”.

La oportunidad para Argentina

En este contexto, Carnicer considera que Argentina mantiene una oportunidad estratégica para posicionarse como proveedor confiable de energía en el mediano plazo.

“Si la crisis mostró algo, es que la seguridad de suministro tiene valor económico. Los compradores no solo miran precio: miran origen, riesgo geopolítico, confiabilidad contractual, infraestructura y continuidad operativa”, señala.

En particular, destaca el potencial de Vaca Muerta para convertirse en una fuente de diversificación del abastecimiento internacional, aunque aclara que ese desarrollo dependerá no solo del recurso disponible sino también de inversiones en infraestructura, almacenamiento, puertos y credibilidad exportadora.

Una reconstrucción que llevará tiempo

En la conclusión de su análisis, Carnicer remarca que una eventual paz modificaría la velocidad y la magnitud del ajuste de los mercados, pero no eliminaría las consecuencias acumuladas durante el conflicto.

“El mercado deja atrás el miedo al cierre total de Ormuz, pero entra en otra etapa: la de reconstruir inventarios y confianza”, afirma.

Finalmente, resume el escenario con una frase que sintetiza el eje de su análisis: “En energía, la paz no siempre significa precios bajos. Muchas veces significa precios menos extremos, pero todavía condicionados por la memoria física de la crisis: tanques vaciados, contratos tensionados y compradores que aprendieron que la seguridad de suministro también se paga”.