La fuga hacia adelante de Vladimir Putin y la resistencia europea apoyando a Ucrania
Del 18 al 20 del presente mes de septiembre de 2026, Rusia deberá votar la renovación de la Douma, el parlamento ruso, un escrutinio sin suspenso ya que nadie imagina una victoria de la oposición independiente, con 2 de sus candidatos proscritos: Boris Nadejdine, forzado a exilarse en Francia ante la perspectiva de ir preso, mientras que Grigori Iavlinski, fue prohibido de postular por la Corte Suprema, final previsible para la octava legislatura desde el derrumbe del la URSS.
En medio de la «operación militar especial» desatada en 2022 por Putin contra Ucrania, la nueva campaña electoral se incrementó no obstante la guerra. El presidente ruso visitó la Siberia, en el extremo oriental del país, haciendo escala en Oulan-Oude (Bouriatie), Irkoursk, Omsk y Krasnoaïarsk, la isla de Sakhaline y el archipiélago de Kouriles, en disputa con Japón, mientras que Moscú intensificó los bombardeos contra Ucrania: 218 disparos de drones, y misiles balísticos Iskander-M, lanzados desde aviones, causando 12 muertos en Kiev, Odesa y Dnipro.
En semejante contexto, la coyuntura electoral en Rusia evoluciona equilibradamente, entre fuerzas antagónicas, por un lado con el FSB, servicio de seguridad interior, favorable a postergar las elecciones, y el «bloque político», del que se rodea Putin, quien preconiza mantenerlas, pese a los sondeos de opinión. Estos arrojan una baja no significativa de la popularidad de Putin, a un 60% favorable según tales sondeos, con una «flota fantasma» de unos 400 buques petroleros que siguen a acarreando el petroleo ruso, a los países compradores, bajo banderas fraguadas.
Frente a una agresión no convencional o de baja intensidad del Kremlin contra alguno de los 32 países europeos de la OTAN, no puede asegurarse que Ucrania contaría con el apoyo de la Unión Europea (UE), si Moscú se anticipara mediante una «incursión terrestre», por ejemplo, invadiendo Narva, en torno a Estonia, país que adhirió a la UE en 2004, cuya población vecina a Rusia habla el ruso entre un 25 % y un 88 %, protegida por 1700 soldados de la OTAN y 600 de USA.
Por otra parte, Ucrania destila inquietud por la penuria de mano de obra para contrarrestar la falta de suficientes empleados. El 68% de sus empresas industriales reclaman aumentar su personal. El país ha movilizado centenas de miles de habitantes, y otro tanto abandonó el país por temor a la guerra. La demografía ucraniana ya declinaba desde antes de la invasión rusa. El gobierno estima que necesitará 4,5 millón de trabajadores suplementarios de aquí a 2035. Tras la invasión rusa de febrero de 2022, 5,6 millones de ucranianos, abandonaron el país, y no han vuelto.
El envejecimiento del país, la baja de la natalidad y la alta mortalidad, están en alza desde antes del 2022. La invasión rusa aceleró esa tendencia: partida masiva de gente hacia el extranjero, perdida de una parte del territorio, y el 20% de ocupación por el ejercito ruso, se suman a la caída de nacimientos. Antes de la guerra, la población se contaba entre 22 y 25 millones de habitantes en los territorios controlados por Kiev, contra 41 millones tras el desencadenamiento de la invasión rusa.
Hacer venir trabajadores del extranjero sería «bastante complicado, costoso, largo y complejo en el plano operacional. Los salarios en Ucrania son inferiores a los de otros países europeos, haciendo poco atractivo al país. El 68% de las empresas industriales ucranianas declaran hacer frente a una falta de mano de otra. En un país donde centenas de miles de hombres han sido movilizado, otro tanto movilizados, donde la demografía estaba declinando bastante antes de la invasión rusa, el tema se impone en el debate público.
Según el Centro sobre Economía Estratégica de Kiev, alrededor de 5,6 millones de ucranianos partieron después de febrero de 2022, viviendo aun en el extranjero en el inicio de 2026. Si el centro de reflexión estima entre 1,3 y 2,2 millones de entre ellos podrían retornar, recordando que dependerá de las condiciones económicas y de seguridad después de la guerra. El presidente Volodymyr Zelensky reclama 300 baterías americanas «Patriot», las solas armas defensivas capaces de contrarrestar los misiles balísticos rusos. Si los Estados Unidos ceden a Ucrania 5% de su producción (estimada a 600 Patriotas por año) pasaremos el invierno y salvaremos vidas.
La Unión Europea ha desbloqueado una ayuda de unos 6,1 miles de millones de euros, en el marco de un préstamo de 90 miles de millones, «de los cuales 60 miles de millones de aprovisionamiento militar, mientras Paris anuncia nuevos sistemas antimisiles. Berlin va a proporcionar una parte de sus interceptores «Patriot». Noruega confirmó su compromiso de alrededor de 8.000 miles de millones para 2027. «El esfuerzo de Londres desde la invasión rusa del principio de 2022, alcanza los 29 mil millares de euros. Promete facilitar el armado en Ucrania de misiles de largo alcance, levantado el secreto industrial de sus componentes. Ucrania es la linea del frente que protege a Europa», concluyó Andy Burnham, primer ministro británico.
Por una parte, Moscú sondea los miembros de la OTAN sobre el plan militar de los sobrevuelos de los drones en los ciberataques de infraestructuras, y la respuesta europea, que busca evitar toda escalada, que va a complicarse. Por otra parte, las democracias del continente no están al abrigo de una lasitud de sus opiniones, incluso de una vuelta hacia atrás. En Francia la guerra figura en la cola de las preocupaciones de los ciudadanos, y ese tema, esencial, podría escamotearse en la campaña por la elección presidencial.
Desde Ginebra, Juan Gasparini
Fuentes consultadas: «Marianne», semanario francés número 1537, del 27 de agosto al 2 de septiembre de 2026. «La guerra d’après», Grasset, 2025. Le Monde, 3 de julio de 2026, 14, 16-17 y 26 de agosto de 2026. Adhirieron a la Unión Europea en 2004: Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia y República Checa.
Por Juan Gasparini

