POLÍTICA

¿La hora de los “outsiders”? Milei, entre la inquietud y la tensión por los nuevos jugadores

El Gobierno mira con atención a un trío de apellidos que coquetean con la idea de presentarse en las elecciones de 2027. El pastor que planea llenar un estadio. El banquero que juega al silencio mientras hace cuentas. El empresario que ya mandó a hacer sondeos y se puso una fecha límite

PorNacho Girón

21 Ago, 2026 

“Milei compite contra sí mismo”. En Casa Rosada el mantra rector se repite hasta el hartazgo: el futuro de La Libertad Avanza como espacio gobernante depende mucho menos de la identidad de sus adversarios que de la pericia oficial para recuperar a una sociedad que empezó a perder la paciencia. En la intimidad del poder, la Mesa Política lo viene debatiendo sin excesos de romanticismo: aunque no lo griten en público, son conscientes de que el gran objetivo de cara a 2027 es conseguir que los argentinos que reconocieron el equilibrio fiscal, el ordenamiento de las variables macro y la baja de la inflación vuelvan a sentir que esos logros también mejoran sus vidas. “Si nosotros hacemos las cosas bien, Javier es reelecto. Si las hacemos mal, nos vamos a casa”, simplifica uno de los funcionarios más gravitantes de la administración violeta. La teoría parece sencilla. Llevarla a la práctica viene siendo bastante más complicado.

Por eso, si bien hacia afuera le restan trascendencia, en el ecosistema libertario siguen con una mezcla de curiosidad, escepticismo y algo de tensión la aparición de figuras que merodean la carrera presidencial desde afuera de la política tradicional. Ninguno lanzó formalmente una candidatura. Ninguno sabe todavía si terminará haciéndolo. Algunos ni siquiera tienen decidido cuándo van a resolver su futuro. Pero tres apellidos empezaron a repetirse en despachos políticos, reuniones empresariales y conversaciones del siempre inquieto Círculo Rojo: el predicador evangélico Dante Gebel, el banquero Jorge Brito y el empresario de medios Daniel Hadad.

En Balcarce 50 objetan, sin embargo, la primera etiqueta que se les suele pegar. “¿Outsiders de qué? De las urnas, en todo caso”, se pregunta en estas horas uno de los principales armadores de la rosca proselitista. No lo plantea con sorna, aclara enseguida. Y desarrolla su punto: “No hicieron carrera electoral ni administraron el Estado, pero tampoco son desconocidos que acaban de descubrir los pliegues del poder argentino. Acá preferimos decirles insiders porque trabajan y se mueven desde hace décadas en ámbitos muy importantes. En ese sentido, me preocupan más ellos que un loco que venga completamente de afuera. Eso ya pasó en 2023”.

Javier Milei encabezó una recorrida de campaña electoral en Entre Ríos
El Presidente durante una recorrida de campaña
Hay, más allá de los rótulos, un hilo fino que viene uniendo sus intervenciones públicas por más que no exista entre ellos ningún armado conjunto. Gebel dijo que hubiera votado a Milei pero que hoy no lo haría y dejó una frase incómoda: “El que tiene que llenar la heladera todos los días no te puede esperar”. Brito, habitué de eventos corporativos de alto nivel pero esquivo a las entrevistas, habló de construir “un país en el cual les vaya bien a todos” y no solamente a algunos. Hadad, el último en admitir que no descarta competir, reconoce que una enorme mayoría de la sociedad no quiere regresar al pasado pero reclama que se comprenda que “la motosierra no sólo pasó por el Estado sino por muchas familias”.

No son, al menos hasta acá, discursos que propongan dinamitar todo lo hecho por Milei. Más bien tantean otra fibra: conservar parte de los cambios, emprolijar lo que consideran desajustes, bajar los decibeles de la confrontación y agregar una dosis de sensibilidad social y productiva a un modelo que sigue encontrando dificultades para hacer llegar sus resultados a los bolsillos.

En este contexto, ¿hay terreno fértil para recibir lo que ellos eventualmente puedan ofrecer? La contracción en el apoyo popular que muestran distintos estudios sobre La Libertad Avanza, la crisis peronista que sigue sin resolver liderazgo ni estrategia, la creciente falta de pertenencia partidaria y un descreimiento social que se derrama sobre toda la dirigencia abrieron un interrogante que no pasa inadvertido en la Quinta de Olivos: ¿2027 volverá a resolverse entre los polos conocidos o existe una porción suficientemente grande de argentinos dispuesta a escuchar una propuesta nueva? A catorce meses de que se abran los cuartos oscuros, la respuesta todavía está lejos de aparecer. Aun así, debajo del ruido comenzaron a moverse las placas tectónicas: de hecho, circulan números que ayudan a entender por qué los que hasta hace poco no figuraban en ninguna conversación presidencial hoy reciben llamados, propuestas, encuestas y consejos sobre cómo llegar al Sillón de Rivadavia.

Larga fila de personas de pie en una acera de la ciudad, esperando frente a una tienda con ventanas, con edificios y árboles al fondoEl desempleo es uno de los principales problemas que afectan a la sociedad y el Gobierno no está logrando resolver (La Capital de Mar del Plata)

El primero de esos trabajos le puso nombre a la orfandad política circundante. El Observatorio Pulsar de la Universidad de Buenos Aires (UBA) bautizó como “ningunismo” a un fenómeno que viene aumentando desde hace tiempo: según un estudio que circuló con fuerza entre hombres y mujeres del establishment, el 42% del país no se identifica con ningún partido. La conclusión gana volumen cuando se la cruza con otro dato del mismo relevamiento: el 63% declara estar poco o nada interesado en la política, 18 puntos más que el año pasado. No se trata necesariamente de ciudadanos sin posiciones o preferencias sino de personas que dejaron de encontrar un espacio ideológico que les calce cómodo.

Hay una derivación incluso más interesante para entender el escenario. Pulsar encontró que buena parte de quienes se ubican en el “medio” no habitan allí porque hayan elaborado una combinación sofisticada de ideas de izquierda y derecha sino porque lo utilizan como una suerte de refugio. Un “no lugar” para escapar de los polos. “No necesariamente expresa moderación programática”, explica Facundo Cruz, coordinador general del observatorio. Esa precisión sirve para esquivar una tentación habitual del análisis político: confundir automáticamente desencanto con el renacimiento de la tantas veces anunciada “avenida del medio”. “Estos nuevos actores que están coqueteando con incursionar en política lo hacen porque encuentran un vacío en la oferta para saciar la demanda de los del centro. Lo que queda como interrogante es si demanda y oferta se van a terminar encontrando. Pero es esperable que crezca la cantidad de gente que llame a un outsider”, completa Cruz.

Federico Aurelio encontró desde Aresco otra puerta de entrada al fenómeno. Cuando su consultora preguntó si los encuestados votarían en 2027 a un espacio que no represente ni al mileísmo ni al kirchnerismo, el 14,6% respondió que seguramente lo haría y otro 40,7% que podría llegar a hacerlo. Sumados, 55,3% manifiesta alguna disponibilidad para mirar una tercera alternativa. La fotografía cambia cuando hay que abandonar el terreno de lo potencial y elegir efectivamente una identidad: en intención de voto por espacios, el oficialismo aparece con 29,8%, el peronismo con 26,9% y una posible tercera opción alcanza 22,7%. Hay agua en la pileta. No está claro quién puede nadar.

Alaska y TresPuntoCero llegaron por otro camino a un paisaje parecido. Su mapa de identidades políticas divide al electorado en tres grandes conjuntos: un 37,7% se ubica dentro de diferentes expresiones opositoras al Gobierno; otro 28% reúne las identidades vinculadas al panoficialismo; y por cuerda separada aparece un enorme 34,4% que directamente no se reconoce en ningún “ismo”. Un tercio de la sociedad dando vueltas sin nombre propio es, cuanto menos, una invitación para cualquier armador con ambición.

cristina kirchner axel kicillofEl peronismo, por ahora, no es lo que más convence en las encuestas

QSocial fue más quirúrgica pero incorporó un asterisco que deberían leer con cuidado todos los que sueñan con fabricar otro Milei. Al segmentar qué tipo de liderazgo demandan los argentinos encontró tres grupos: 35% de “decisionistas”, que privilegian una conducción fuerte y resolutiva; 49% de “consensualistas”, que reclaman equipos, negociación y capacidad de construir acuerdos; y apenas 16% de “outsideristas”, el único sector que valora a un mandatario sin experiencia previa. Ergo: el apetito por algo nuevo parece ser bastante más grande que el apetito por alguien completamente ajeno al sistema.

La misma consultora analizó además a los votantes que rechazan simultáneamente a Milei y al kirchnerismo. Son cerca de cuatro de cada diez argentinos y tienen algunos rasgos que los convierten en objeto de deseo: más de la mitad evalúa negativamente la situación económica, una enorme mayoría carece de optimismo hacia el futuro y el 70% está decepcionado con el Presidente pese a reconocerle resultados como la desaceleración del Índice de Precios al Consumidor. Lucas Klobovs, director de QSocial, introduce una condición elemental para cualquiera que pretenda pescarlos: tienen que percibir que la alternativa es competitiva. De lo contrario, la polarización vuelve a funcionar como una aspiradora y el elector termina refugiándose en alguno de los dos extremos para evitar que gane el que más rechaza.

Ahí aparece la verdadera paradoja de esta historia. El hueco existe, pero no tiene todavía forma de candidato. Hay desafección, bronca, electores huérfanos y disponibilidad para mirar hacia otro lado. Lo que no aparece con la misma contundencia es una nostalgia por la inexperiencia. Si en 2023 una porción importante de los argentinos premió a quien prometía entrar con una motosierra para destruir el sistema desde afuera, el mensaje que surge ahora parece tener otro tono: cambiar, sí; improvisar, no tanto.

Dante Gebel es, de los tres líderes que circulan, el que lleva más tiempo jugando con esa frontera. Nació en Billinghurst, partido de San Martín, en 1968 y se instaló en Estados Unidos en 2008. Pastor evangélico, aunque él mismo suele preferir definiciones como comunicador o “influencer espiritual”, escritor, conferencista y showman, saltó a la popularidad en la Argentina de los años noventa con los llamados “Superclásicos de la Juventud”, encuentros religiosos que llegaron a llenar Vélez y River. En California fundó River Church y desde hace cuatro años recorre distintos países con “PresiDante”, un espectáculo a mitad de camino entre el stand up, la conferencia motivacional y la prédica en el que juega, no demasiado sutilmente, con la posibilidad de convertirse por una noche en la persona que comanda los destinos de una nación.

Dante Gebel, un hombre con cabello castaño oscuro y traje negro, sonríe mientras está sentado en un taburete alto en un escenario oscuro, con una pantalla azul brillante que dice "PRESIDENTE TOUR" detrásDante Gebel durante su «PresidAnte Tour»

A diferencia de lo que sucedía a principios de 2026, cuando todavía alternaba señales contradictorias y desmentidas de rigor, los que vienen hablando con él aseguran que está “cada vez más decidido” a explorar una candidatura real. Eso sí: no se imagina participando de una primaria con nadie. Y, toda una revelación, tampoco quiere apoyarse en una estructura religiosa. “No queremos la estructura evangélica”, repite ante su equipo. La aclaración no es menor: distintos estudios académicos advierten desde hace años que no existe en la Argentina un voto evangélico automático ni un comportamiento político corporativo de los fieles. Si juega, Gebel pretende construir por encima de esa identidad.

Su espacio, Consolidación Argentina, sigue organizando encuentros sin su presencia y armando equipos técnicos. “Estamos realmente a pleno y queremos extender nuestra fuerza a todo el país”, dicen cerca suyo. El predicador impuso una particularidad: rechaza el método de designar referentes provinciales y seccionales como cualquier partido tradicional. “No queremos más los métodos de la vieja política”, explica en privado, aunque depositó su confianza en el gremialista aeronáutico Juan Pablo Brey y el legislador porteño Eugenio Casielles. ¿Dónde está parado en el mapa ideológico? No se define peronista pero reivindica lo que llama la “conciencia social” de algunas ideas del viejo justicialismo. Y, cuando le piden dictámenes más precisos, suele refugiarse en una cita bíblica del evangelio de Mateo: “Por sus frutos los conoceréis”.

El calendario puede ser más revelador que sus palabras. La despedida de la gira internacional que emprendió hace meses está prevista para el 19 de noviembre; en su entorno, no obstante, adelantan que desde septiembre empezará a viajar con mucha mayor frecuencia a la Argentina. Además, confirman que trabajan para montar durante diciembre un evento multitudinario destinado especialmente a los jóvenes y con artistas internacionales de la talla de Ricardo Montaner y Daddy Yankee. ¿Será su lanzamiento oficial? Sólo Dios sabe.

En la vereda empresarial, a sus 47 años Jorge Brito enfrenta una situación distinta. En su caso, no necesita construir vínculos con el Círculo Rojo porque nació y creció profesionalmente dentro de ese círculo. Preside el Banco Macro, que fundó su padre junto con Ezequiel Carballo, y tiene participación en compañías de energía y producción agropecuaria. En paralelo, desarrolló una carrera dirigencial en River: acompañó como vicepresidente a Rodolfo D’Onofrio y condujo el club entre 2021 y 2025 antes de entregarle el mando a Stefano Di Carlo.Banco MacroJorge Brito, presidente del Banco Macro (NYSE)

Por eso, alrededor suyo tampoco gusta demasiado la palabra outsider. “Tercera posición” es una expresión que aparece con más frecuencia entre quienes lo alientan a competir. Brito no es candidato y se encarga de remarcarlo cada vez que le hacen la pregunta, pero reconoce ante sus allegados que siente una demanda de sectores que no quieren volver al populismo y no se sienten contenidos por los liberales libertarios. “Todavía le veo vida política a Milei pero es innegable que mucha gente está mal”, es una de las reflexiones que escucharon los que hablan asiduamente con él. Su aspiración conceptual, si alguna vez salta definitivamente la tranquera, sería formar parte de un espacio de centroderecha capaz de “cortar el péndulo argentino”.

Emilio Monzó, ex presidente de la Cámara de Diputados durante la gestión de Mauricio Macri, es uno de los principales motores del “experimento Brito”. Si le dieran rienda suelta a su voluntad, aprovecharía los próximos meses para instalar su figura por fuera de los mundos en los que ya es conocido. “Nadie va al supermercado a pedir lo que no está en la góndola”, es la metáfora que suele usar el dirigente. El desafío es convencer al propio banquero o, en todo caso, a alguien de perfil similar. Es que Monzó no se imagina en esa estantería imaginaria a Dante Gebel: “Mi preocupación es que aparezca un audaz y se aproveche de esta situación. Respeto a Gebel y lo que hace pero no puede gobernar a la Argentina”, dijo esta semana en una entrevista en las mañanas de Infobae en vivo.

Quienes conocen a Brito aseguran que no abandonará su actividad privada para protagonizar una aventura testimonial y que solamente aceptaría si los números empiezan a mostrar alguna posibilidad concreta.

Daniel Hadad, que viene de elogiar en televisión al líder del Macro, es el último en haber blanqueado públicamente la posibilidad de incursionar en política. “No descarto ser candidato a algo el año que viene”, se animó, para sorpresa de propios y ajenos. Y agregó: “Sería muy feliz si pudiese colaborar con alguien que quiera hacer un cambio en la Argentina”. Hasta ahí, la declaración. Detrás de escena ya existen movimientos más concretos. El fundador de Infobae siente la necesidad de medir de forma profesional qué está pasando en las entrañas de la población: para eso, contrató a un equipo que trabajó con el alcalde Zohran Mamdani en Nueva York para realizar un estudio de opinión pública en CABA, el Gran Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Mendoza. Quiere entender con mayor profundidad el clima social antes de tomar cualquier decisión. El diagnóstico que lo inquieta no pasa necesariamente por la eventual intención de voto: quiere medir “qué está pasando en la sociedad con respecto a la tristeza y la desesperanza”. “Yo siempre laburo con datos y números”, explicó en una conversación reservada en su último paso por Argentina, país donde no descarta volver a vivir después de haberse instalado en Estados Unidos desde 2022.

Hace rato que sus convocatorias llaman la atención de todos los funcionarios con oficina en el primer piso de Balcarce 50: dirigentes de las tribus más variadas estuvieron presentes cuando en abril recibió el doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM) o cuando más recientemente presentó el cortometraje “El Libertador” sobre el histórico encuentro entre José de San Martín y Domingo Faustino Sarmiento. ¿Una señal de que se puede unir a sectores diversos o incluso enfrentados entre sí? Sea como sea, Hadad se auto impuso una fecha: antes del 28 de noviembre, día en el que cumpla 65, pretende definir qué hará durante los próximos cuatro años.El Gobierno minimiza el impacto de los nombres que circulan El Gobierno minimiza el impacto de los nombres que circulan

La primera reacción de la Casa Rosada ante los outsiders/insiders es minimizar cualquier tipo de riesgo potencial real. De nuevo se repite la frase: “Nosotros competimos contra nosotros mismos: hay que convencer al electorado en 2027”. En la cúpula libertaria admiten que existe humus fértil para que aparezca “algo nuevo”, pero todavía no saben “si están frente a proyectos políticos reales o apenas globos de ensayo inflados por una coyuntura económica adversa”. “Nos tienen que contar su idea de país”, apura un ministro ante la consulta.

Con todo, la lectura más extendida sigue siendo optimista para Milei o, en el peor de los casos, positiva para el rumbo general. “El próximo presidente es Javier o alguien que no viene haciendo política. El peronismo no es opción”. El razonamiento es interesado pero explica por qué el trío Gebel/Brito/Hadad genera más incomodidad que pánico. Por ahora. “Estamos justo en un momento complicado, con la economía ralentizada, problemas de recaudación y gobernadores que también sienten el impacto. Es lógico que ahí se inflen las terceras posiciones”, concede otro miembro clave de la Mesa Política.

En los pasillos gubernamentales se plantan también contra una lectura demasiado lineal de las encuestas. “No alcanza con tener buena imagen. Si fuera solamente por eso, Leo Messi podría ser presidente”, ironiza una espada violeta al recordar un estudio de Jorge Giacobbe que le da al 10 un 92,1% de positiva. Además, sostienen que lo más prudente es esperar: quienes integran la danza de nombres “todavía no fueron sometidos al escrutinio brutal que implica transformarse efectivamente en candidatos”.

La estrategia, de todas maneras, no consiste solamente en rezar para que los eventuales competidores se desinflen. Karina Milei trabaja para consolidar un oficialismo con mayor volumen territorial y apurar acuerdos con los mandatarios provinciales. En ese tablero, la reforma electoral vuelve a aparecer como una pieza decisiva: los laderos de “El Jefe” calculan que la suspensión de las PASO debería discutirse entre septiembre y octubre y advierten que la actitud de cada mandatario provincial frente al proyecto condicionará las alianzas posteriores. “Gobernador que no acompaña, gobernador que no está en ningún acuerdo”, exagera, o quizás no tanto, uno de los negociadores.

El gran inconveniente para esa compleja ingeniería es que la política sigue chocando contra la economía cotidiana.